Cloacas con sed milenaria. Tormenta

Publicado el Por admin
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El cielo hace creer a las coladeras que su sed milenaria termina esta noche. Ellas humeantes, jadean, rugen ansiosas la tormenta nocturna que el cielo arroja apenas el sol se oculte… El estruendo de la tormenta alegra a las cloacas que se llaman, se comunican por debajo de nosotros, sonrientes y resecas.

Psssssss suenan las primeras gotas sobre el asfalto erizado que absorbe la humedad inmediata, cada coladera paciente aguarda que escurran los primeros hilos de agua por su garganta infinita y cansada… 
El cielo arroja toda su fuerza sobre la ciudad, la vuelve loca, la paraliza y ahoga, la funde por partes y las coladeras se atragantan, se beben todo, se hidratan, se tapan… Vomitan, estornudan y escupen chorros de aguas puercas terribles, hediondas y absurdas, la ciudad se estremece, obscura y ruidosa con el manto de la noche que cernida entre el granizo y la mugre, le escurre desde las paredes más altas… más sordas.
La tormenta se acaba, el cielo se ha cansado del circo. Exprime sus últimos trapos de nube y descansa. Las coladeras, con remolinos en las bocas, algunas atascadas otras sonrientes saben que esta noche tuvieron un festín y esperan con sus tuberías crujientes y silbantes, la próxima tormenta de verano.

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