広島 Hiroshima dos días novedosos

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¿Qué se le va a hacer? Quedé de levantarme temprano para unirme a Claire y Shoko en la aventura por la isla Miyajima. Ver la puerta flotante y mirar todo desde la cima de la montaña. Salimos a las 6:30am del hostal, fuimos a la tienda por agua y comida para el camino. Ah por cierto, en Japón, los sándwiches preparados NO tienen orilla. ¡¡¡Ninguno tiene la orilla del pan!!!

Mi mamá sería feliz porque siempre se la quita a sus sandwichitos. 

Compré un café caliente y un sándwich de hotcakes rellenos de frijoles de soya dulces… Siguen siendo mis favoritos. 

Claire compró un sándwich y Shoko un panecillo y agua. Shoko es japonesa y vive en Okayama pero estudia en Tokio (relaciones internacionales) así que hace bien viajando y conociendo locos en hostales. Tiene 22 años. Claire tiene 23, ha vivido 5 años en Australia y seis meses en Korea. Tiene un novio australiano. Ella es de Inglaterra. Ambas viajan solas por ahora. Nos conocimos en el salón común del hostal mientras platicábamos con otros huéspedes muy simpáticos de Alemania y Holanda. Desde luego que todos hablando en inglés nos entendimos, reímos, comentamos las diferencias culturales de cada una de nuestras regiones y procedencias y comoarábamos con otros lugares conocidos también. Por ejemplo, uno de los alemanes que también vivir en Australia y es chef, anda viajando por Asia para ubicar nuevos sabores y platillos. Bueno, él (que no recuerdo su nombre) comentaba que en Australia una cajetilla de cigarros cuesta $28usd el gobierno australiano está súper en contra del tabaquismo y el alcohol que también es muy caro. Muchos impuestos. Y aún así, la gente sigue fumando… En Japón los cigarros son baratos… Igual que en México pues. Unos ¥400. 

Salimos de la tienda y fuimos a la estación del tranvía, sí, hay una red bastante grande de tranvías en Hirosjima. Son muy bonitos; tienen el aspecto (y tal vez sea lo único que le da a la ciudad ese toque mágico de que el tiempo y la modernidad desmedida ahí se detuvieron un instante) de los años 70, acero de ese muy sólido, grueso y con la pintura típica de esa época. Colores serios. Nos subimos al tranvía. Una nueva experiencia y a penas eran las 7am. El día prometía mucho. 

Mientras íbamos sentados seguíamos platicando sobre todo. Lo que cada uno hace, qué lugares conocemos, comida, cultura, formas de hacer las cosas. Bonita charla. Llegamos a la última terminal y abordamos el ferry que nos llevó a la isla en unos 15 minutos cuando mucho; tal vez 10. Desde la mitad del camino, la puerta del templo ya se veía. Flotaba, se mantiene entera desde hace cientos de años. Su color anaranjado la separa de todo lo demás, sis contornos tan perfectos la vuelven inolvidable… Para ese momento una docena de turistas ya estaban pegados al barandas con los brazos estirados capturando uno por uno la misma imagen en sus cámaras digitales. 

Yo esperé un poco y les tomé foto a ellos y al fondo la puerta me esperaba. 

Bajamos del ferri y nos adelantamos a un gran grupo de turistas chinos que iban en tour y no queríamos que nos agorzomaran con sus tumultos. Logramos un buen lugar, y nos juntamos los cuatro para una foto grupal. Sí los cuatro, porque en la terminal del ferry nos encontramos a otro chavo que también se hospedaba con nosotros. Su nombre es Alvin y es de Singapur. Dijo que era ingeniero. Se veía como de unos 29 años tal vez 30. 

Después de la foto, fuimos al templo, que tiene el mismo color anaranjado que la puerta de seis metros o mas tal vez. El templo, algo más descuidado que otros que he visto, es sin embargo, un espacio fantástico. Porque está construido sobre pilotes que, cuando la marea sube, el templo queda rodeado de agua, y cuando baja la marea, está suspendido en el aire. Ahí Shoko nos explicó una costumbre japonesa y tal vez más amplia del shintō que es arrojar una moneda de ¥5 a una caja dispuesta para ello y pedir por algo. No es de deseos sino de plegarias. Los cuatro hicimos el ritual. Dimos dos aplausos suaves, arrojamos la moneda y juntamos las palmas de las manos a la altura de la cara e hicimos la reverencia. Más adelante había una tienda de souvenirs hechos ahí mismo por los monjes que viven y resguardan el templo. Y por unas módicas cantidades escriben con una caligrafía muy fina (しょどう o en kanji 書道) alguna frase que le nazca al calígrafo. Ahí no están permitidas las fotos. Salimos del templo después de adquirir unos amuletos cada quien. 

Seguimos caminando hacia la montaña. Al llegar a una intersección tuvimos que decidir si subíamos tres milómetros a pie o pagábamos ¥1000 por usar el funicular (Ropeway) obviamente mis intrépidos y jóvenes compañeros de viaje y yo elegimos subir en el funicular. La vista fue hermosa. Cruzamos de una pequeña cima a una gran cima de la siguiente montaña. Ahí estuvimos en un mirador observando toda esa cadena de pequeñas islas que rodean la grande y crean un paisaje inolvidable. El sol estaba dando fuerte sobre nosotros. 

Seguimos subiendo hacia el templo del fuego que no se apaga nunca(bien podría decir fuego eterno, pero eso ha de soñar mas pretencioso en japonés y no tan poético) y luego iríamos al observatorio de la isla. Caminamos y subimos y una media hora después llegamos al dichoso santuario del amor y de los amantes que se unen con el fuego que no se apaga nunca. Muy bonito lugar. Estuvimos ahí una media hora viendo a los demás turistas que subían con la lengua de pechera por el calor y el esfuerzo. Escalamos otro poco y llegamos hasta el observatorio. Un edificio muy sencillo de madera; cuatro pisos y hasta arriba una terraza desde la que se puede ver en todas direcciones. El cielo se nubló fuerte pero estábamos tan felices y asombrados con la vista que no nos importaba la suave lluvia que caía. 

Bajamos por otro sendero distinto al que usamos de subida y llegamos a otro pequeño templo y ahí encontré la rama chueca perfecta que se escapa del árbol y rebasa la montaña para convertirse en parte del cielo, del mar y crear un nuevo horizonte. Tomé foto con mis ojos solamente, porque hubiera sido inútil tratar de que todo eso cupiera en una fotografía digital. Ahí, bubiera sido sólo una rama seca de un árbol viejo… 

Bajamos; tomamos el camino libre o sea, no pagamos funicular. Jajaja.  Llegamos al pueblo como cuarenta minutos después. Y moríamos de hambre. Tanto que mientras platicábamos y comentábamos frases, Alvin preguntó cómo se decía «tengo hambre» en japonés. Shoko dijo la frase y entonces todos la íbamos repitiendo como nuestro canto de manada de los scouts. Éramos la cuadrilla algo así como «Ikagamasuita» jajaja no me acuerdo porque lo dijimos tantas veces y tan mal pronunciado por todos que ya ni Shoko sabia qué estábamos diciendo. 

Comimos en un restaurante especializado en anguila. Nos sentamos en el piso y tragamos mucho. Delicioso. Pedimos cerveza. Bebimos poquito. Nos dio sueño. Se sumó la comida la cerveza y las seis horas caminando. Todo estaba bien, pero mejoró… Fuimos por postres. Helado de papa dulce, que es mas o menos lo mismo que el camote poblano. ¡La nieve estaba deliciosa!

Regresamos a Hiroshima. Alvin decidió quedarse un rato más para tomarle fotos a la puerta cuando la marea bajara y y pudiera pasar a través de ella porque dicen que trae buena fortuna. No pufo(después en el hostal nos dijo que la marea volvía a bajar a las 2am).  Shoko se quedó en el tranvía porque se iba a su casa y Claire y yo fuimos al hostal. Ella prepararía sus cosas para irse muy temprano al día siguiente hacia otro lado y yo, fui a caminar (más) y visitar tiendas de bicicletas. Fue un gran día. 

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