Tercer día en Alemania

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Amaneció, el cambio de horario o mejor dicho el acoplarme a este horario me ha costado un poco de abajo. Siete horas de diferencia son las que nos separan entre la Ciudad de México y Múnich. En realidad toda Alemania tiene el mismo huso horario, en el oeste y en el este. Tomé un café express, unas galletas de avena (que traje desde México) y leí un poco las cosas de internet. Como cuando despierto aquí digamos siete u ocho de la mañana, en el DF es la una de la madrugada… Y no coinciden nuestras vidas… Jaja. En fin, mientras yo armaba mi bicicleta, doña Fabi preparó el desayuno y Checo se lanzó por el pan. Desayunamos y conseguimos una bici para que Fabiola saliera a rodar también. Margueritte nos prestó la suya o la de José, y nos salimos a pedalear con destino al río Isar, yo no sabía qué tenía de peculiar… Solo escuché que esta era la época en la que se podían meter a «nadar» y mucha gente iba. Resulta que en Múnich hay unas cuatro semanas de sol al año. Pero con sol fuerte y calor solo en el verano, entre junio, julio y agosto hay días verdaderamente soleados y calurosos. La temperatura promedio en esta temporada es de 22°C obviamente unos días llega a 28ºC o un poco más, pero otros no llega a los veinte. Pues ayer fuimos a este río, que atraviesa Múnich y marca el Este de la ciudad digamos. Pedaleamos unos diez kilómetros y llegamos al Tierpark Hellabrunn. Ahí vi que muchos ciclistas con bicis de montaña se meten a los senderos y le ponen un poco de tierra y lodo a sus llantas. Y es que por lo que he visto, no hay grandes cerros ni montañas aquí cerca, entonces los MTB tienen que ir a este tipo de parques a pedalear, pero eso sí, con su ropa de ciclista y unas bonitas bicis. Les falta más Ajusco. Nosotros íbamos despacito por la ciclovia y de pronto, llegamos al puente de madera y vimos el por qué de ese lugar. Resulta que es un bonito asoleadero nudista… Bueno, no es que sea obligatorio desnudarse, pero mucha gente lo está. Fue muy interesante la reacción que tuvimos al ver las zonas con bañistas desnudos, hombres y mujeres, jóvenes (treintañeros al menos) y mucho más grandes, de cincuenta o más años, perfectamente adaptados a la desnudez pública en mitad de una de las ciudades más importantes de Alemania. Pues amarramos las bicicletas y caminamos hacia una de estas áreas de piedras de río, encontramos una con poca gente y nos sentamos. Yo, como es bien sabido que me quito la ropa a la menor provocación (véase mi instagram en rodadas como la WNBR, o el Zócalo con Spencer Tunick, y otras), respondí afirmativamente cuando Fabi preguntó ¿te vas a meter al río? Si y no voy a mojar mi ropa… Me quité la playera y le dije ¿y tú? Sólo se rió. 

Lo mejor es que toda la gente alrededor que estaba desnuda le tenían sin cuidado nuestras presencias y existencia misma. A diez metros a la derecha había una pareja; ella topless y él totalmente desnudo y leyendo. Luego entre ellos y nosotros llegó una chica de unos 35 años que también se quitó la ropa y a dos metros atrás de ella, un señor de unos sesenta años, y bastante gordito que se encueró y no entró al río. Nosotros sí nos metimos, y al principio el agua helada torturó mis pies, la corriente sacudía mis piernas que se mantenían lo más sólidas posible y en una de esas, un paso mal dado me hizo caer de rodillas y sentí por poco que el río me llevaría varios metros hacia la siguiente orilla, pero no. Por poco logré levantarme, helado y contento. Después de unos minutos en el agua los pies dejaron de doler. Salido del río me tumbé sobre mi ropa y como lagartija me asoleé un poco.


Un rato después de que el sol radiara nuestros cuerpos vimos que ya era hora de regresar porque había que comer y luego lanzarnos a la Färberei para que yo diera mi primera sesión del curso de scratchboard. Pedaleamos de regreso cruzando todo el parque y unos 30 minutos después ya estábamos en Ligsalztraße no.8 y como no daba tiempo de preparar comida y además faltaba la lija de agua para el curso, Fabi y Checo fueron por unos Döner Kebab de 4€ y yo inicié mi primera travesía (muy corta) y bicicmensajería en Múnich. Fui a buscar una tienda para comprar lija de agua. Me dieron indicaciones para ir a un lugar que se llama Bauhaus… Si, Bauhaus. Es algo así como un Home depot. Enorme, inclusive con los mismos colores y organización interna y stock. Me llamó enormemente la atención que hay un pasillo completo dedicado a las bicicletas «Fahrrad» hay de todo, llantas, multi herramientas, cámaras, sillines, rack para coche, grasa, aceite, coquitos, etc… Atravesé el pasillo con la cara de tonto y boquiabierto seguí buscando las lijas. Por fin las encontré y fui a la caja a pagar… Cada hojita de lija costó .90€ o sea unos 18$ #Fuck con el precio… ¡Casi veinte pesos por una pinche lija! En fin.

Salí de la tienda, acomodé las cosas en la parrilla de la bici y pedaleé hacia el lugar en el que daré el curso… Obviamente me perdí un par de veces porque las calles son curvas, se dividen de pronto y las esquinas me causan conflictos porque una Y te manda tantito a la derecha o no tanto a la derecha pero tampoco derecho… Y pues dos o tres veces tomé la calle equivocada y eso me desviaba dos o tres calles en otro sentido… Lo bueno, es que hay ciclovía en muchísimas calles. A veces es la banqueta compartida y bastante bien distinguida la acera de el paso para bicis, otras es en el arroyo vehicular, pero siempre hay un lugar para la bici. No por nada Múnich se considera como la capital ciclista de Alemania. Y en efecto existe una enorme cultura ciclista. De hecho, muchos habitantes hasta consideran que aquí, a diferencia de lo que pasa en México, las bicis son las que acosan al resto de los automovilistas, peatones e incluso otros ciclistas.

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