El anfiteatro y las ruinas en Heiligenberg

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El viernes 26 de agosto desperté temprano, fui a la cocina y preparé café, todos los demás aún dormían. Me puse a escribir en el blog y un rato después comenzó a haber ruidos en la casa. La gente despierta y hace ruido siempre. Divya se levantó, se preparó su desayuno y se fue a su instituto. Ietza seguía dormida… Un par de horas después desayunamos. Preparé huevo con pimiento, cebolla y queso.

Alrededor de la una de la tarde nos alistamos para ir a conocer el Philosophenweg (paseo de los filósofos) y el Thingstätte (anfiteatro), ambos lugares en el Heiligenberg (algo así como el monte de los santos). Pongo un link de wikipedia porque este lugar tiene una gran historia, pero que no podría describir aquí, así que link( https://en.wikipedia.org/wiki/Heiligenberg_(Heidelberg) ). Tomamos las bicis y pedaleamos hasta las faldas del cerro. Las amarramos donde comenzó la subida de un 16% (los ciclistas entenderán mi frustración al no poderla pedalear hasta arriba porque íbamos juntos y no era un reto en solitario). Bicicletas bien amarradas y comenzamos a caminar. Más o menos a los siete minutos ya íbamos sudando y jadeando por el esfuerzo y calor que hacía, unos 32ºC aprox.

Subir y subir por los senderos, por el camino de los filósofos. llegamos a una torre, mirador. escalera de caracol que nos llevó hasta un lugar en el cielo. la vista de la ciudad, el castillo imponente, el puente viejo, el río, los tejados, la biblioteca, la universidad, la iglesia y más allá las torres industriales de otra ciudad. El cielo no se acaba. La mirada se extiende hasta donde no hay más que una línea de cielo y tierra unidos. Tomé fotos. Bajamos y seguimos por el sendero hasta el anfiteatro. El tamaño, la forma, el lugar, el verde invadiendo los escalones y metiéndose entre cada rincón impregnando de color y aromas el espacio me dejaron sorprendido unos momentos. pasamos y trepamos las escalinatas hasta la parte más alta. ahí descansamos unos minutos y luego continuamos subiendo hasta las ruinas celtas, romanas, intervenidas por el tiempo y las culturas. Paseamos por dentro y fuera. muchas preguntas surgían porque no hay placas que expliquen absolutamente nada de ese lugar. Creo que falta que una instancia como el INAH mexicano se haga cargo de los lugares históricos y les de una especie de curaduría para visitantes…

 

Tomamos más fotos, turisteábamos. El sol comenzaba a bajar y a cruzar sus rayos por las torres de las ruinas de este antiguo monasterio dedicado a San Miguel (fundado por lo que pude encontrar en el año 1023).

Nos sentamos de nuevo en la parte alta de las escalinatas del anfiteatro, sacamos un par de cervezas, pan y queso. Mientras el sol descendía y cambiaba los colores, las sombras se movían, algunos turistas llegaban jadeando, los locales en paz charlaban, nosotros mirábamos y conversábamos. se iba cayendo la tarde noche sobre el Thingstätte y la historia nos tenía un lugar guardado para recordar este precioso atardecer. Cuando ya pasaban de las 7pm decidimos comenzar a bajar del monte santo y unos treinta y cinco minutos más tarde llegamos a desamarrar nuestras bicicletas. Iet recibió una invitación para una reunión con amigos, pasamos al súper y compramos cervezas para compartir. Fuimos a la reunión con los amigos de Ietza, bolivianos que trabajan y viven en Heidelberg. 

La reunión de chelas, charla, churro, tuvo un gran ambiente, muy relajado, la música en un volumen muy moderado, donde ambienta, pero no te hace gritar y sobre todo no molesta a los vecinos. Y esa es otra de las características de la comunidad alemana. hay respeto y educación, si la fiesta se pone loca alguien va a llamar a la policía para que los calle a todos… y como nadie quiere que eso suceda, pues el volumen y tono de la reunión se mantiene muy tranquilo, pero no por eso aburrido. La pasé muy bien. En general la educación en cuanto al comportamiento respetuoso me pareció algo que desde luego comparo con el modo mexicano… nos falta.

Después de unas chelitas agarramos nuestras bicis y pedaleamos de regreso a la casa. ya eran pasadas las 12 de la noche. todo iba bien hasta que llegamos a la subida terrible de Mühlenweg y que después nos llevaría a la Am Schilerbachhang, la calle de la casa… tardamos como media hora subiendo… es aproximadamente un kilometro, pero con esa pendiente sí cuesta trabajo. Mientras caminábamos, pensé, ¿porqué alguien vive en la única montaña de la ciudad? llegamos, apagamos las luces y a dormir. Este también fue un día bonito.

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